Por Esther Ramírez Matos. Psicóloga perinatal y terapeuta familiar.

Una madre y su bebé, imagen de vida, alegría, esperanza, belleza y amor, todo junto y mucho más. Así crecemos las mujeres y los hombres en un mundo donde la maternidad está tan idealizada que pareciera un póster plastificado de dos dimensiones y con un inmovilismo pasmoso. Las madres como vírgenes hermosas con sus criaturas felices en una mirada mutua de éxtasis ideal. Sin embargo la maternidad es otra cosa, no es peor, no es mejor, simplemente no tiene que ver con lo que nos contaron, con  lo que nos vendieron y compramos ávidas de que fuera cierto, deseosas de que así nos realizaríamos como personas y todo sería luz y color a nuestro alrededor. Pues resulta que no, la maternidad tiene sus luces y sus sombras, sus escenarios ambivalentes que combinan de todo un poco. Y cuando éstos acontecen, cuando los vivimos en nuestra piel puérpera y queremos echar mano de la queja, nos damos cuenta que no espacio para ella porque somos madres, somos diosas y el estar mal no está dentro de los planes para las diosas.

“Las madre no”, de Katixa Agirrer, es una novela que se atreve a contarnos más sombras que luces y nos lleva al escenario terrorífico de una madre que mata, y no solo mata sino que lo hace a sus hijos pequeños indefensos que se convierten en víctimas de una mujer que se suponía que tenía que protegerles. La autora se atreve a hablarnos sobre algo que está ahí, que es real aunque nos resulte lejano y hasta incómodo. Es tan cierto que asusta. Claro que asusta porque es duro, ninguna figura de las películas de miedo puede dar tanto terror como una madre que con cara de locura ataca a sus pequeñas criaturas y acaba con su vida. Sin embargo, toca ir un poco más allá. Se hace necesario entender lo que ocurre dentro de estas mujeres madres, comprender que no son la semilla del mal, es más sencillo que eso, están enfermas. Enfermas de verdad porque sufren un trastorno denominado psicosis posparto, una alteración que desgraciadamente les hace esclavas de delirios con consecuencias fatales sobre ellas y sus bebés si no son detectados a tiempo.

A través de una ágil redacción sobre una escritora que investiga un crimen de una madre que asesinó a sus hijos, la autora nos muestra cómo los juicios personales y sociales a estas madres hacen que se las condene duramente sin entender que en verdad ni ellas mismas saben lo que hicieron cuando despiertan de su delirio y el brote psicótico remite. Cuando por fin obtienen la ayuda que siempre necesitaron y les cuentan lo que pasó estas madres tienen doble duelo, el de la pérdida de sus criaturas y de ellas mismas que ya nunca podrán volver a vivir en paz con sus almas.

“Las madres no” nos hace reflexionar sobre nuestros propios juicios y conocimientos de estas realidades. Después de su lectura es tiempo de preguntarnos qué podemos hacer para ayudar, quizá se pueda empezar por  apagar la tele cuando las noticias se ensañan  y desdibujan la realidad mostrando solamente lo morboso, y resulta que es un drama terrible tanto para los pequeños que fallecen como para las madres que ejecutan el crimen  y los familiares que acompañan tan dantesco suceso. Resulta al final, que en esta historia solo hay víctimas.

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